De la locura a la cordura: fútbol modesto, vacas gordas y crisis.
Intentamos reactivar de nuevo el blog con una pequeña reflexión que nos ha venido a la mente pensando en los sueldos de los futbolistas.
Hace años los futbolistas (incluimos también a los entrenadores) jugaban en los equipos por un pequeño sueldo que les permitía si estaban trabajando ganar un suplemento y si estaban estudiando ganarse un dinerito para sus gastos personales. Un futbolista no podía vivir del fútbol a no ser que jugara en un equipo puntero en la antigua Tercera División o a partir de su creación en la Segunda B y en muchos casos solo algunos jugadores profesionales podían permitirselo.
Llegaron los años 90 y al igual que toda la sociedad española el fútbol se volvió loco y en especial lo hizo en las categorías inferiores. Cualquier jugador fuera de la categoría que fuera e incluso en edades como infantil o cadete tenía agente y se permitía el lujo de pedir lo que fuera independiemente de su calidad porque sabía que los equipos se lo iban a dar aunque no supieran si el futbolista reunía condiciones. El fútbol se convirtió así en una ramificación de la especulación que nos ha llevado a esta situación de locos en la que ya parece valer todo con tal de que los especuladores no salgan perdiendo. El fútbol se pobló de gente ligada a la construcción a la que no le bastaba con multiplicar sus ganancias engañando a quien fuera sino que además vieron en este deporte una fórmula para seguir con sus negocios importándoles bien poco los valores del fútbol y los sentimientos de los aficionados. Muchos de ellos se presentaron como milagrosos salvadores.
Finalmente llegó la realidad, y los cocheros de las carrozas volvieron a ser ratones ( o más bien ratas), llegó el momento de volver a ser como antes, de cobrar por lo que uno vale en realidad y no por lo que cree que vale. Lo peor de todo es que todo esto se ha llevado por delante a equipos con mucha historia a sus espaldas. A los causantes de todo este descalabro nunca les gustó el fútbol pero no sufren las consecuencias de sus actos y sí los aficionados que llevan toda su vida apoyando a su equipo.
Seguramente todo esto lo saben ustedes pero nos apetecía reflexionar sobre ello y recordar que hubo un tiempo en el que se jugaba por afición y para ganarse un dinerillo extra, no para vivir del fútbol ni hacerse rico.
Hace años los futbolistas (incluimos también a los entrenadores) jugaban en los equipos por un pequeño sueldo que les permitía si estaban trabajando ganar un suplemento y si estaban estudiando ganarse un dinerito para sus gastos personales. Un futbolista no podía vivir del fútbol a no ser que jugara en un equipo puntero en la antigua Tercera División o a partir de su creación en la Segunda B y en muchos casos solo algunos jugadores profesionales podían permitirselo.
Llegaron los años 90 y al igual que toda la sociedad española el fútbol se volvió loco y en especial lo hizo en las categorías inferiores. Cualquier jugador fuera de la categoría que fuera e incluso en edades como infantil o cadete tenía agente y se permitía el lujo de pedir lo que fuera independiemente de su calidad porque sabía que los equipos se lo iban a dar aunque no supieran si el futbolista reunía condiciones. El fútbol se convirtió así en una ramificación de la especulación que nos ha llevado a esta situación de locos en la que ya parece valer todo con tal de que los especuladores no salgan perdiendo. El fútbol se pobló de gente ligada a la construcción a la que no le bastaba con multiplicar sus ganancias engañando a quien fuera sino que además vieron en este deporte una fórmula para seguir con sus negocios importándoles bien poco los valores del fútbol y los sentimientos de los aficionados. Muchos de ellos se presentaron como milagrosos salvadores.
Finalmente llegó la realidad, y los cocheros de las carrozas volvieron a ser ratones ( o más bien ratas), llegó el momento de volver a ser como antes, de cobrar por lo que uno vale en realidad y no por lo que cree que vale. Lo peor de todo es que todo esto se ha llevado por delante a equipos con mucha historia a sus espaldas. A los causantes de todo este descalabro nunca les gustó el fútbol pero no sufren las consecuencias de sus actos y sí los aficionados que llevan toda su vida apoyando a su equipo.
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Comentarios
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